Hay momentos en los que una no sabe muy bien cómo seguir, pero escribe. Escribe para entender lo que duele, para ordenar los recuerdos y para encontrar algo de luz entre tanto ruido. Algún día pintaré flores habla del amor y de su ausencia, de la soledad, de las heridas que vienen de lejos y del esfuerzo diario por no quedarse a vivir en ellas. Cristina Gómez Ruiz recorre ese camino sin atajos: primero el hambre, después la herida y, finalmente, el proceso de volver a una misma. Porque quizá sanar no consista en olvidar lo vivido, sino en aprender a mirarlo de otra manera. Y descubrir que, cuando parecía que ya no quedaba nada, todavía podían aparecer las flores.