Tras convertirse en comunista después de la revolución de 1959, la isla, gracias a su ubicación estratégica cerca de Estados Unidos y su interés geopolítico, se consolidó rápidamente como el epicentro de la Guerra Fría. Una posición, ventajosa pero arriesgada, que la permitió recibir ayuda económica y militar masiva de la Unión Soviética entre 1962 y 1990, pero que la colocó bajo asedio permanente por parte de su poderoso vecino.