Este libro nació sin la intención de serlo. Comenzó el primer año de universidad como una serie de anotaciones dispersas, reflexiones y, sobre todo, muchas preguntas. A lo largo de toda la carrera, esas frases sueltas de un alumno de arquitectura con gran curiosidad se fueron ordenando con un único objetivo, la búsqueda de la arquitectura. A diferencia de otros títulos del sector, Dejarse ser Arqutiecto no busca ofrecer nuevas respuestas técnicas, sino un enfoque y una voz diferente. Así como muchos libros que abordan a la arquitectura desde el "cómo", esta obra se atreve a sumergirse en el "porqué". Es una exploración honesta de la búsqueda de sentido que define a la profesión, una pregunta que a menudo se pierde entre los cálculos y los plazos, pero que sigue siendo la que motiva a todo creador. La voz del libro renuncia deliberadamente al tono del académico. Adopta, en cambio, la perspectiva del "aprendiz", una voz cercana, a veces vulnerable, que invita al lector no a una clase magistral, sino a un viaje compartido. Este enfoque se complementa con un lenguaje que busca la belleza en la simpleza, utilizando metáforas e imágenes para hacer que conceptos filosóficos complejos se sientan cercanos e intuitivos. En esencia, el libro no busca enseñar arquitectura, sino acompañar en la aventura de sentirla.