Es casi un lugar común afirmar que el latín es una lengua muerta. Pero esa afirmación reclama algunas precisiones. Por una parte el latín tiene una historia multisecular a lo largo de la cual ha generado un inmenso corpus de textos que han sido y son objeto de lectura y de estudio hasta nuestros días. Por otra parte el latín, transformado en lenguas romances, sigue vivo en el habla de tantísimos pueblos. En el transcurso de esa larga his-toria, numerosas frases, giros y palabras del latín han ido que-dando intactas y en uso, por distintos motivos. Algunas son ex-presiones técnicas, particularmente del discurso jurídico, tan im-portante en la cultura romana, y del campo lexical filosófico y teológico, ampliamente desarrollado en el Medioevo y el Rena-cimiento. Otras son frases de uso corriente, con significaciones aplicables a distintos campos discursivos. Algunas son muestras de niveles culturales elevados, y manifiestan un uso exclusiva-mente tiempo hizo que el conjunto de esas expresiones se ex-tendiera a todos los géneros y niveles; y que en los tiempos ac-tuales formen parte del léxico habitual de todo tipo de comuni-cación, sobre todo la política y la periodí una parte de ese caudal lexicográfico, explicar el origen semántico de cada expresión, mostrar la correcta pronun-ciación, de acuerdo con las dos tendencias fonéticas en uso, y mostrar ejemplos particularmente vinculados con el registro idiomático argentino es una tarea ardua y valiosa. Arturo Álva-rez Hernández ha sido el encargado de llevar a buen término esa tarea. El corpus relevado es amplio, si no exhaustivo, ya que abarca los giros latinos empleados en los más diversos campos discursivos, ordenados alfabéticamente, con un serio análisis fi-lológico de cada uno y una notable claridad didáctica.