Del mágico idilio entre la pluma y el pincel, solo puede brotar poesía. Eso es lo que el lector y los ojos del lector van a encontrar en las páginas de este libro. El sombrero de bambú recorre esos caminos, va de las sombras a la luz, del amarillento brillo de las hojas al caer a la acuarela de tenues matices de los ocasos. Va entre palabras vivas, llenas de momentos fugaces que nos colman de gozo y de dibujos o pinturas que nos invaden con su belleza para quedarse a vivir sobre nuestra piel más í haiku japonés de hace quinientos años caminaba senderos, pueblos y gente, emanando de la pluma y el pincel, al igual que los haikus de este sandogasa occidental brotan de la voz de nuestro autor con una nueva melodía y envueltos en otras tonalidades y otros olores propios de nuestro tiempo y nuestra cultura. El sombrero de bambú no es solo palabra, es imagen y es color; en él se difumina la frontera entre poesía y pintura para convertirse en un solo ente poético. La poesía se hace imagen y la imagen, poesía.