Gustavo Manzanal, a través de sus más de cincuenta piezas compuestas, su centenar de adaptaciones, sus 150 espectáculos en los que participó como actor y/o como director, y sus más de 40 años ejerciendo pedagogía teatral, ha operado sobre la Teatralidad como un modo existencial de construir lo real desde el cuerpo y el puede ser vivido en escena. Todo puede ser Teatro debe resultar un trabajo responsable, colmado de espiritualidad y comprometido con lo social y con el experiencia que se destila tiene punto de llegada y debe inspirar a otros, no solamente entretener o, menos, distraer. Su movimiento es centrípeto, trae hacia el centro, no fuga de él. Arremete contra lo incierto del mundo, aunque lo haga riendo. Y para la solución a la que aspira, el modelo es el actor: estados, transiciones entre estados y transmisión de esos estados a través del gesto, la mirada, el desplazamiento el vínculo y la palabra. Igual que en la vida que transita por abajo del escenario (o alrededor, sea por el espacio que sea, pero que sea espacio de tensiones y distensiones resueltas).